Caminar reduce predisposición genética a la obesidad

Las personas débiles e indolentes no deben acceder a su inclinación de mantenerse inactivas, privándose así del aire puro y la luz del sol; más bien necesitan hacer ejercicio al aire libre, caminando o cultivando el jardín. Si lo hacen se sentirán muy fatigados, pero no les hará daño…No es sabio abandonar el uso de ciertos músculos sólo porque se siente dolor al ejercitarlos.

Frecuentemente el dolor es causado por el esfuerzo que la naturaleza realiza para dar vida y vigorizar esas partes que se han atrofiado parcialmente debido a la inactividad.  El uso de estos músculos inactivos por largo tiempo producirá dolor, porque la naturaleza los está llamando de nuevo a la vida.  El ejercicio de caminar, siempre que se lo pueda hacer, es el mejor remedio para los cuerpos enfermos, porque mediante él se ejercitan todos los órganos del cuerpo. Todos los que pretenden curarse mediante ciertos movimientos, lograrán muchísimo más por el ejercicio muscular que mediante la práctica de dichos movimientos.

En algunos casos, la falta de ejercicio debilita y contrae las entrañas y los músculos, y estos órganos debilitados por carencia de ejercicio se fortalecerán únicamente cuando se los ejercite. Ningún ejercicio puede reemplazar la acción de caminar.  Al hacerlo se mejora grandemente la circulación de la sangre. Una caminata rápida de una hora cada día reduce a la mitad los efectos de la predisposición genética a la obesidad. Lo afirman investigadores la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard en los Estados Unidos, que hicieron un estudio presentado en un simposio de la Sociedad Americana del Corazón. Por el contrario, estar sentado frente al televisor durante cuatro horas cada día lleva a subir en un 50% el índice de masa corporal.

El estudio demostró que el hecho de caminar a buen ritmo diariamente reduce la influencia genética en la obesidad. Esto se traduce en una reducción a la mitad del índice de masa corporal. “Es interesante el nuevo trabajo ya que demuestra que si bien lo genético pesa, cada persona puede hacer mucho para controlar su peso. También indica que no sólo la alimentación saludable es importante: se necesita el movimiento como el cepillado diario de los dientes”. En el estudio que hicieron los científicos de la Universidad de Harvard participaron 7.740 mujeres y 4.564 varones. Se recolectaron los datos sobre la actividad física que realizaban y las horas dedicadas a ver televisión durante dos años antes de evaluar el índice de masa corporal. Finalmente, se analizaron esos datos con las variantes genéticas que se considera que influyen en el aumento de peso. Esas variantes son 32 hasta el momento y la prueba para identificarlas aún no están disponibles para todo el público. Lo que se encontró es que el efecto de las variantes genéticas se podía reducir en los participantes que se movían más. “Desde los años ochenta, se están encontrando evidencias que permiten entender cómo la actividad física reduce el riesgo de enfermedades, pero aún cuesta que la gente la incorpore en sus hábitos diarios. “Nadie se recupera de la obesidad con sólo tres meses de tratamiento, aunque haya bajado 10 kilos. En realidad, lo fundamental no es bajar kilos, sino modificar e incorporar nuevos hábitos saludables, como la caminata, el consumo de frutas y verduras, y el trabajo en grupo”, agrega.

La vida sedentaria va en sentido contrario. Para los hombres, estar sentados más de 6 horas por día aumenta 20% el riesgo de morir más tempranamente en comparación con los que se sientan 3 horas. En el caso de las mujeres, pasar 6 horas por día sentadas aumentaría el 40% el riesgo de muerte prematura. “La gente que permanece sentada muchas horas por trabajo no debería asustarse si es que también practica actividad física y sigue una alimentación saludable. Además, no se trata sólo de una cuestión individual sino que la lucha contra el sedentarismo forma parte de un cambio cultural que está en marcha”, .“Son recomendables las pausas activas en el ámbito laboral, que incluyen levantarse frecuentemente, y practicar ejercicios de estiramiento de piernas y brazos y un trabajo específico para la columna. Hay que olvidarse de los ascensores y usar las escaleras. Fuera del trabajo, proponerse la caminata diaria. Poco a poco el cansancio de las primeras veces desaparece. Si es posible, es mucho mejor que la caminata se realice acompañado y por una persona de nivel similar.


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