Trastornos de la conducta alimentaria II

Trastornos de la conducta alimentaria II

Prevención o detección precoz A fin de evitar las psicopatologías alimentarias, es conveniente realizar lo siguiente:

  • Enseñar a los niños a tener conductas saludables, sobre todo en lo referido a la alimentación y el ejercicio.
  • Mejorar la autoestima mediante la propia aceptación del cuerpo y el rechazo a los estereotipos poco saludables que establecen los medios.
  • Evitar presionar a los niños, intentar comprenderlos y conversar con ellos sobre los eventuales problemas que puedan suscitarse. Permitir la independencia del joven, pero con la debida supervisión.
  • Vigilar a las personas en población de riesgo en cuanto a sus conductas alimenticias, pero sin ejercer control excesivo.
  • Educarse sobre el metabolismo humano a fin de comprender cuáles son los hábitos alimenticios correctos, y educar también a los niños.
  • En caso de obesidad, acudir al nutricionista: nunca emprender una dieta sin supervisión médica.
  • Comer en familia, y hacerlo en lo posible en los horarios establecidos y sin prisas. No saltear comidas, y no castigar a los niños mediante la prohibición de alimentarse.
  • Educarse y educar a la familia sobre los trastornos alimentarios, y en caso de que alguien presente síntomas relacionados con un trastorno de este tipo, acudir al especialista.

Tratamiento

  • Ayudar al paciente a encontrar sus propios valores, ideales y objetivos sin dejarse influir por el entorno.
  • Fomentar la independencia y autoestima del enfermo.
  • No negar la situación cuando aparecen síntomas relacionados con psicopatologías alimentarias.
  • Acudir a un grupo de apoyo. Buscar consejo de psicólogos, trabajadores sociales y personas de confianza.
  • Reunir información, conseguir datos sobre el tratamiento en un centro de salud o preguntando al personal educativo. Obtener ayuda voluntaria; no rechazar la ayuda de otras personas que hayan observado el comportamiento problemático.
  • Comunicarle a la víctima, con claridad, la preocupación que se siente por ella, la convicción de que necesita tratamiento, y la voluntad de proporcionarle apoyo emocional, financiero o de cualquier otro tipo.
  • Anotar el comportamiento que presenta el paciente.
  • No esperar que la víctima acepte de primera que tiene un problema.
  • Evitar concentrarse en su aspecto. Comentarios como “¡ya estás muy delgado!” o “¡come que estás muy flaco!” solo logran que la persona se obsesione más con su aspecto corporal.
  • No obligar al paciente a que coma, ni criticarle sus actitudes, pues eso probablemente incrementará la depresión de la persona y hará que se obseque en sus comportamientos. Es preciso tener paciencia.
  • No establecer comparaciones entre el enfermo y sus prójimos.
  • Intentar que la situación no altere la vida familiar. No dejar de lado a la propia familia.
  • Evitar los sentimientos de culpa o de autocompasión.